Paso 04 / 06

Enseñarlo

Estás aquí si llevas más tiempo puliendo que enseñando.

Llega el momento de ponerlo delante de alguien, y nunca vas a sentirte preparado.

Lo he retrasado muchas veces con excusas razonables. La peor de todas, y la que más me ha costado reconocer, es ponerme a pulir la parte que nunca estuvo en riesgo. Cuando me descubro mejorando algo que ya funcionaba mientras lo importante sigue sin comprobar, sé lo que está ocurriendo: no estoy siendo minucioso, estoy protegiendo la idea de una respuesta que no quiero oír.

Enseñarlo no es lanzarlo. Es quedarte callado mientras otra persona lo usa: sin ayudar, sin explicar y sin adelantarte cuando se atasca. Y se va a atascar. Esa media hora incómoda enseña más que cualquier informe, porque vas a ver a alguien pelearse con lo que has hecho y después decirte, por educación, que está muy bien.

Luego viene la parte que casi nadie cuenta: lo enseñas y no ocurre nada.

El silencio se parece al rechazo, pero rara vez lo es; para rechazarte tendrían que haberte entendido antes. Lo peor que puedes hacer entonces es reaccionar deprisa. Detrás de ese silencio puede haber varias causas distintas, y los arreglos que exige cada una apuntan en direcciones opuestas: elegir mal cuesta meses. Merece la pena detenerse a averiguar cuál es la tuya antes de tocar nada, aunque detenerse sea justo lo contrario de lo que pide el cuerpo.

De todo lo que se puede medir, lo único que me convence es que alguien vuelva por segunda vez sin que nadie se lo recuerde.

Si quieres tirar del hilo