Paso 02 / 06

Contarlo

Estás aquí si hay algo de verdad, pero cada vez que lo cuentas te sale distinto.

En cuanto tienes algo, el impulso natural es ponerse a dibujar. Dibujar es agradable, se ve bien enseguida y, sobre todo, permite aplazar la decisión. Escribir una frase que explique el producto no permite aplazar nada.

Por eso, antes de abrir ninguna herramienta, escribo qué tiene que entender alguien en los primeros segundos. Y escribo también a quién dejo fuera, que es la parte difícil. Cerrar puertas da vértigo cuando el proyecto es tuyo, porque cada puerta cerrada parece una oportunidad que regalas. Pero mientras no dejes a nadie fuera no tienes un producto, tienes una categoría entera sin concretar.

Esa frase la vas a repetir mucho más de lo que imaginas: a quien quieres que lo use, a quien trabaje contigo, a quien te pregunte en una cena en qué andas. Si te cansa la segunda vez que la dices, no es la buena. Si alguien te la devuelve con sus propias palabras y no se equivoca, ya la tienes.

Añado una cosa que en mi trabajo pesa mucho: el texto de una interfaz no es un adorno que se coloca al final, es la interfaz misma. Todo lo demás son cajas alrededor de unas palabras. Cuando las palabras son precisas, buena parte del diseño se ordena solo.

Si quieres tirar del hilo