El cuaderno de decisiones
Hay una costumbre que me ha dado más resultado que cualquier herramienta, y cuesta diez minutos a la semana: escribir qué decidí, por qué, qué descarté y qué me haría cambiar de opinión.
Suena a burocracia y es justo lo contrario. La burocracia es escribir para que conste. Esto es escribir para poder volver.
Qué anoto exactamente
Cuatro cosas, y ninguna lleva más de dos frases. La decisión. El motivo, en el momento en que lo tenía fresco. Las alternativas que descarté, que es la parte que siempre se olvida. Y qué tendría que pasar para que cambiara de opinión.
La cuarta es la más útil y la que menos gente escribe. Es la que convierte una decisión en algo revisable: si pasan seis meses y esa condición se ha cumplido, tienes un motivo objetivo para reabrir el tema en lugar de una sensación.
Para qué sirve de verdad
El uso obvio es no repetir discusiones. Pero el que a mí más me ha servido es otro: distinguir una mala decisión de un mal resultado.
No son lo mismo. Puedes decidir bien con la información que tenías y que salga mal igualmente, y puedes decidir fatal y tener suerte. Si solo recuerdas el resultado, vas a aprender la lección equivocada las dos veces. El registro de por qué decidiste lo que decidiste es lo único que permite separarlos.
El segundo uso aparece cuando trabajas con más gente. Mientras seas tú el único que sabe por qué cada cosa es como es, no tienes un sistema: dependes de estar disponible. Y eso aguanta perfectamente hasta el día que no estás.
Cómo lo hago
En texto plano, en un solo archivo, por orden cronológico y sin estructura. He probado herramientas con plantillas y campos y siempre acabo abandonándolas, porque el coste de rellenar el formulario es mayor que el beneficio percibido en ese momento.
Un archivo que se abre y se escribe sobrevive. Un sistema que hay que mantener, no. Y anoto solo las decisiones que serían caras de deshacer: si es reversible y barata, no merece la entrada.
Lo que no hay que hacer
No lo conviertas en un diario. En cuanto empiezas a contar cómo fue la semana, deja de consultarse, y un registro que no se consulta es tiempo perdido con buena conciencia.
Y no lo escribas después de saber el resultado. Una decisión anotada a posteriori siempre parece más sensata de lo que fue, porque tu cabeza ya ha reordenado los motivos para que encajen con lo que pasó.
Preguntas que me hacen sobre esto
En qué se diferencia de un ADR?
Un registro de decisiones de arquitectura es esto mismo aplicado a decisiones técnicas y con más formalidad. La idea es idéntica; lo que yo hago es la versión ligera y aplicada a producto, sin plantilla ni revisión por pares.
Qué decisiones merecen anotarse?
Las que serían caras de deshacer. Un cambio de precios, elegir una plataforma, dejar fuera a un tipo de usuario, cambiar de enfoque. Lo reversible y barato no lo apuntes: te cansarás y abandonarás el hábito.
Sirve si trabajo solo?
Sobre todo si trabajas solo. Es lo más parecido a tener a alguien que te pregunte por qué estás haciendo eso, solo que quien lo pregunta eres tú mismo con unas semanas de distancia.