Calmalo

Un producto hecho, sobre todo, de lo que le quité

Sin cuenta, sin rachas, sin notificaciones. Lo difícil de Calmalo no fue lo que tiene, sino todo lo que decidí que no iba a tener.

Calmalo pregunta cómo te sientes ahora mismo

Son las tres y doce de la madrugada. El corazón va más rápido de lo que debería y la cabeza todavía más. Coges el móvil buscando algo que te ayude y lo que encuentras es una pantalla de login. Luego un catálogo de cuarenta ejercicios. Luego un aviso de que has perdido tu racha.

Calmalo nació de esa escena. No de un mercado ni de una tendencia. De la sensación de que justo en el peor momento todo lo que llevas en el bolsillo te pide algo.

Lo que es

Abres la web y te pregunta una sola cosa: cómo te sientes ahora mismo. Ansioso, nervioso, preocupado, desbordado, o «no lo sé». Eliges, pulsas empezar, y una esfera se expande y se ablanda en el centro de la pantalla. Inspiras cuando crece, sueltas cuando se ablanda. Unos cinco minutos. Al final te dice: «Estás aquí. Puedes seguir».

Detrás hay cuatro prácticas, una para cada estado. Si no sabes qué sientes, te lleva a la más suave. No te hace elegir más de lo necesario.

La lista de lo que no tiene

La parte de la que estoy más orgulloso no se ve. Está escrita en la web casi como una declaración: sin cuenta, sin cuenta atrás, sin rachas, puntuaciones ni historial, sin notificaciones, sin felicitaciones.

Cada una de esas cosas la tuve que decidir quitar, y alguna me costó. Todo lo que aprendes sobre producto te empuja a medir, a retener, a que la gente vuelva. Aquí cada una de esas herramientas iba en contra de lo que quería hacer. Una racha convierte respirar en una tarea. Una felicitación al final te recuerda que había algo que completar, y no había nada que completar. Solo estar ahí un rato.

Hasta el progreso de la sesión es una línea finísima que se va cerrando alrededor de la esfera, sin reloj y sin números.

El problema de no medir nada

Aquí viene lo incómodo. Si no hay cuenta ni historial, y el aviso de cookies dice literalmente que lo que sientes nunca se mide, ¿cómo sé si funciona? No sé si alguien vuelve. No sé si a alguien le sirvió a las tres de la mañana.

Diseñé a propósito un producto que no me cuenta nada sobre sí mismo. Para alguien que siempre dice que hay que mirar lo que la gente hace y no lo que dice, es una contradicción que todavía no he resuelto. Tampoco tiene modelo de negocio. Ahora mismo Calmalo es algo que creo que debería existir, no algo que sé cómo sostener.

Seis idiomas antes de lanzar

Otra cosa que reconozco: Calmalo está en seis idiomas, incluido el japonés, con guías sobre qué hacer en un ataque de pánico o cómo dejar de darle vueltas a las cosas por la noche.

Tiene su lógica. La ansiedad no entiende de idiomas, y a las tres de la mañana nadie busca ayuda en un idioma que no es el suyo. Pero también es verdad que traduje a seis idiomas algo que todavía no había usado casi nadie. Es exactamente lo que digo que hay que evitar: hacerlo más grande antes de saber si la versión pequeña funciona. Lo hice igual.

La responsabilidad

Hacer algo para gente que lo está pasando mal no es lo mismo que hacer una herramienta de productividad, y lo tuve presente todo el rato. Por eso hay una página con las referencias científicas de cada técnica, y no solo frases bonitas. Y por eso hay una página de ayuda urgente con teléfonos reales. Calmalo puede ayudar en un mal rato. No sustituye a nadie, y no quería que pareciera que sí.

Lo que me llevo, de momento

  • Que quitar también es diseñar, y a veces es lo más difícil. La lista de lo que Calmalo no tiene me costó más que cualquier pantalla.
  • Que hay productos donde las métricas habituales hacen daño, y que eso no te exime de saber si funcionan.
  • Que el texto también es producto. La página de error dice: «Esta página no está aquí. Tú sí». Esa frase hizo más por el tono que cualquier color.

Capturas

  • La esfera que marca la respiración
  • La esfera al exhalar
  • La página de una práctica: exhalación larga

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