Diceando

Dejar que otro elija adónde vas

Una web que te elige destino cuando tienes días, dinero y ganas, pero no sabes adónde. El botón más útil que he diseñado este año dice «Me da igual».

El resultado: Lanzarote, siete noches, 27 grados

Tienes unos días libres. Tienes algo de dinero ahorrado. Tienes ganas. Y te pasas una tarde entera con veinte pestañas abiertas, comparando playas que no conoces con ciudades que te suenan, sin decidir nada. Al final vas al sitio de siempre, o no vas.

No te falta información. Te sobra. Lo que te falta es que alguien te diga «vete aquí» con un poco de criterio. Diceando es eso: una web que te hace unas pocas preguntas y te elige el destino.

Cómo funciona

Entras y ya sabe desde dónde sales. Luego, una pregunta por pantalla. Cuánto tiempo: escapada, una semana o más. Cuándo: tocas el día de salida en un calendario. Qué te apetece: sol, mar, montaña o ciudad. Cuánto quieres gastar, con un deslizador que te va diciendo en directo cuántos destinos caben.

En todas las preguntas hay una opción que me parece lo más importante del producto: «Me da igual». La gente que no sabe adónde ir muchas veces tampoco sabe si prefiere playa o montaña, y obligarla a elegir es devolverle el problema que venía a quitarse.

Después viene la parte que más disfruté. Un globo de puntos traza un arco desde tu ciudad y la web piensa: «Vale». «Déjame pensar». «Encontrado». Y aparece. Lanzarote, siete noches, 27 grados. Trekking, mar, salvaje.

Esos segundos de pausa son teatro, lo sé. El cálculo es instantáneo. Pero sin ellos el resultado parecía un filtro, y con ellos parece que alguien lo ha elegido para ti. Es la diferencia entre una búsqueda y una recomendación. Y si no te convence, hay un botón para volver a tirar los dados.

Cómo se gana dinero, o se intenta

Es el único de mis proyectos que tiene un modelo de negocio claro desde el primer día. Diceando es gratis y vive de afiliación: si después de elegir destino reservas el vuelo, el alojamiento o una actividad desde sus enlaces, me llevo una comisión.

Lo dice la propia web, justo debajo de los enlaces. Me parecía lo mínimo: si alguien te recomienda un sitio y gana dinero cuando vas, tienes derecho a saberlo. Por la misma razón, los precios que enseño llevan un «≈» delante. Son estimaciones para orientarte, no la tarifa de tus fechas, y no quería que parecieran otra cosa.

La apuesta de las mil páginas

Un producto de afiliación vive del tráfico, y el tráfico, sin presupuesto para anuncios, viene de los buscadores. Así que además de la herramienta hay guías de destino, escapadas desde cada ciudad y una página para cada mes del año, en cinco idiomas.

Aquí hacerlo grande desde el principio tiene sentido, porque es el modelo. Pero sigue siendo una apuesta: el SEO tarda meses y mientras tanto no sabes si has abierto mil puertas o mil puertas que no abre nadie. Y con tanto volumen se cuelan detalles que hay que revisar uno a uno, porque son justo los que hacen que alguien deje de fiarse de una recomendación.

Lo que todavía no está

«Con amigos». El botón está, pero de momento dice «próximamente»: mandas un enlace, todos contestan y Diceando busca el sitio que funciona para todos. Creo que es la mejor idea del producto, porque decidir adónde ir en grupo es todavía peor que decidirlo solo. Y es justo la que dejé para después, porque era la que más tardaba en salir.

Lo que me llevo, de momento

  • Que a veces el mejor servicio no es dar más opciones sino quitártelas.
  • Que el ritmo también es producto. Tres segundos de «déjame pensar» cambian cómo se siente el resultado.
  • Que tener modelo de negocio desde el día uno es un alivio, pero no te ahorra la pregunta difícil. Solo la cambia: ya no es «¿cómo cobro?», es «¿llega alguien?».

Capturas

  • Portada de Diceando: «Where next?»
  • Cuánto tiempo: escapada, una semana o más
  • El calendario para elegir el día de salida
  • El presupuesto, con los destinos que caben
  • El globo de puntos: «Found it.»
  • Tu viaje: vuelos, alojamiento y qué hacer

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