Hivefo

Un mapa que solo vale algo si sigue vivo

Casi diez mil hexágonos, uno por proyecto, para lo que la gente construye por su cuenta. Parte de una idea de 2005 y de preguntarme qué se rompió después.

Portada de Hivefo: «An open hive for indie makers»

Terminas algo. Una app, una herramienta, una newsletter. Lo publicas y no pasa nada. No porque esté mal, sino porque nadie sabe que existe. Y los sitios donde se enseña lo que uno hace suelen funcionar igual: un día de atención, una lista ordenada por votos y, al día siguiente, la página cuatro.

Hivefo es otra forma de estar. Un solo mapa de 9.919 hexágonos. Cada uno es de un proyecto, lleva su logo y enlaza a su web. No hay ranking del día ni votos. Estás en un sitio, con vecinos, y mañana sigues ahí.

De dónde viene

La idea no es nueva y prefiero decirlo. En 2005 un estudiante inglés vendió un millón de píxeles a un dólar cada uno y llenó la página en unos meses. Todo el mundo recuerda esa parte. A mí me interesaba la otra: qué pasó después.

Pasó que se pagó una vez y se dejó ahí. Años más tarde, alrededor del 40 % de los enlaces ya no llevaba a ningún sitio. Quien entra hoy ve una foto de 2005 a medio borrar. Y un bloque de diez por diez píxeles no daba para decir nada: un color, unas letras, ninguna página detrás y ninguna forma de saber si alguien hacía clic.

Lo que cambié

Hivefo se queda con lo que funcionó: un mapa compartido, un número fijo de sitios y un precio que se entiende a la primera. Y cambia lo que se rompió.

Un hexágono es tuyo un año. Si lo renuevas, sigue siendo tuyo. Si no, vuelve al mapa. Es la decisión que menos luce y la que más me importa: el panal tiene que ser una foto de lo que existe ahora, no de lo que existió.

Uno por web. Nadie puede comprar una pared entera. Cada hexágono es un proyecto distinto, grande o pequeño.

Y detrás de cada hexágono hay una página: tu nombre, tu enlace, las visitas, los clics y en qué puesto estás dentro de tu zona. También quiénes son tus vecinos, que es un detalle que me gusta. Elegir sitio al lado de proyectos parecidos al tuyo te pone delante de la gente adecuada.

Ponerle precio al centro

El mapa siempre se abre por el centro, así que lo que está cerca del centro se ve antes y más veces. De ahí salen cuatro zonas y un precio por zona, de 19 a 990 dólares al año. En el centro hay diecinueve hexágonos. En el borde, más de siete mil.

Todas las zonas incluyen lo mismo. Lo único que cambia es dónde estás. Me parecía más limpio que inventar planes con funciones recortadas.

El total no es un número redondo porque no lo es: 9.919 es lo que sale al rodear un hexágono con cincuenta y siete anillos. Me gusta que la cifra venga de la geometría y no de un eslogan.

Lo que no promete

Hay una pregunta que hace todo el que paga por un enlace: si le va a ayudar a posicionar. La respuesta está escrita en la portada: no, y no vamos a fingir que sí. Los enlaces van marcados como patrocinados, que es lo que piden los buscadores cuando un enlace es de pago. Lo que compras es que te vean y que hagan clic.

Decirlo me quita un argumento de venta fácil. Pero un producto que vive de que la gente se fíe del mapa no puede empezar con una media verdad.

El problema de un mapa vacío

Aquí viene lo difícil. Un mapa lleno de proyectos es un sitio al que apetece entrar. Un mapa vacío es una cuadrícula. Y todos los mapas empiezan vacíos.

Lo que he hecho es no abrir todavía. Hivefo está en reservas: eliges tu hexágono, lo confirmas por correo y nadie paga nada hasta que el panal abra. Quien reserva ahora tiene un 30 % menos el primer año.

Mientras tanto, el panal se enseña como está: vacío, con sus cuatro zonas a la vista. Prefiero que quien entre vea la cuadrícula entera y sepa que llega pronto.

Lo que hice antes de tiempo

Hivefo ya tiene un cuaderno con media docena de artículos sobre dónde enseñar un proyecto cuando no hay presupuesto para anuncios. Y una escena en 3D en la portada. Tiene su lógica, porque sin contenido nadie te encuentra. Pero también es pulir el portal de un edificio que todavía no tiene vecinos, y es un patrón que ya me conozco.

Lo que me llevo, de momento

  • Que partir de una idea vieja no tiene nada de malo si te preguntas por qué se rompió. Lo valioso de aquella página no era el formato, era el momento. El formato es lo que había que arreglar.
  • Que la renovación anual parece una condición de pago y en realidad es la decisión de producto: es lo que mantiene el mapa vivo.
  • Que un mapa compartido tiene el mismo arranque en frío que un marketplace. Los primeros en entrar son los que más arriesgan, y hay que tratarlos como tales.

Lo interesante viene ahora: cómo está el panal el día que abra y qué pasa con los primeros vecinos.

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